Un company de feina m’ha passat aquest text que és, senzillament, espectacular.

Las Obras de Construcción Celtíberas

Primero la obra se ofrece al cliente con unos plazos de ejecución imposibles de cumplir y bajo el escenario de costes más optimista posible (baja racionalidad – alta emotividad).

Luego se comienza a hacer la “ingeniería”, y ahi se entretienen durante una eternidad diseñando y especificando lo que han diseñado y especificado 100.000 veces, ya que casi siempre construyen lo mismo. Se hace mucho énfasis en que los planos tengan los logos del proyecto, que todo quede “bonito”, se tienen reuniones para decidir el grosor de la líneas de los planos, dónde colocar los logos del cliente, de la constructora, de la ingeniería, cual será mas grande o más pequeño, cuál va arriba y cuál abajo y que todo quede bien presentado. Y más reuniones van y vienen para decidir los acabados: que si pisos de Jatoba o de Iroko, que si cerámica de ésta o de la otra, que si pintado en beige-amanecer o beige-atardecer. Toneladas de especificaciones y memorias descriptivas son producidas. A las instalaciones técnicas: agua, drenajes, calefacción, comunicaciones, no se les presta mucha atención. Mientras tanto nadie compra un tornillo. (sentido estético).

Luego comienza “la obra” -porque si no, no la comenzarán nunca- y se dan cuenta de que la “ingeniería” va retrasada. (incapacidad de planificar).

Se nombra un jefe de obra civil, otro eléctrico y otro mecánico. Cada uno va a su bola sin importarle el trabajo del otro. Se interfieren los trabajos, cada quién quiere acabar primero y si hay retraso imputárselo al otro. (inteligencia cortoplacista y de rapiña – valores éticos bajos – envidia).

Se sigue construyendo “a hostia limpia”: los civiles le tapan la tubería a los mecánicos y estos a su vez le cortan los cables a los eléctricos. Los contratistas no saben muy bien qué hacer. Se tienen reuniones “de coordinación” todos los días donde cada quién quiere vaciar su cubo de la basura en el patio del vecino. Luego nadie cumple lo acordado y maricón el último. (dificultad para cumplir normas – envidia).

Mientras tanto la cosa se va retrasando más y más, pero nadie reconoce que la fecha de entrega no se cumplirá ni soñando. A estas alturas “la fecha” ya se ha convertido en un totem sagrado al que todos adoran. Nadie reconoce haberse equivocado. Se forman dos bandos: “los míos” que están con la fecha y “los otros” que dicen que esa fecha es imposible. (ego hipertrofiado – tribalismo).

Al cliente le van diciendo que sí, que todo bien, que entregamos en fecha y que no hay problema. Mientras tanto: en la trastienda el caos general se va apoderando de todo. (inmadurez).

Llegado este momento, hacer cualquier cosa o completar algo cuesta lo que no está escrito. El personal trabaja 14 horas diarias, hacer lo que sea toma el triple de lo pensado, todo el mundo va nervioso y a nada ya están a gritos. Los contratistas llegan a obra y lo que tiene que estar acabado para que ellos puedan comenzar a trabajar no lo está. En lugar de una grúa hacen falta seis, ya que por donde tenía que entrar el transformador de la luz ya lo han ocupado con unos lavabos y hay que quitar medio techo para poder entrar. Poco a poco se llena aquello de instalaciones provisionales y cosas sin acabar. (incapacidad de planificar).

Comienzan a ponerse nerviosos, entonces quieren a todos los contratistas en obra, pero ya. Se pretende que todos hagan cola en la puerta a esperar a ser llamado para hacer su parte. El “buen” servicio es que yo te llame a media mañana y tú en la tarde estés aquí con entre 100 y 200 tíos. ¿ Pero cuántos exactamente o cuántos metros de tal y cual hay que poner ?….nada nada, detalles, mariconadas.

Pobre del que diga que hasta que no le aclaren lo que hay que hacer y que por lo menos le den un plano, no comienza. O que primero visitará la obra para asegurarse de que puede comenzar a trabajar. Inmediatamente es declarado “el enemigo”:

– “O sea: que nosotros no sabemos llevar obras y tú sí ¿no?”.

– “Si YO te he dicho que lo tuyo está acabado y puedes comenzar a trabajar es que está acabado…¿es que no te fías de mi? ”

– “Aquí el que lleva la obra soy YO, y si te digo que comiences a trabajar tienes que comenzar”

– “Es que faltan los cimientos, claro y sin cimientos, estructura, paredes y techos no puedo comenzar con el aire acondicionado”

– “Mira, aquí el que lleva la obra soy YO, y si YO te digo que comiences: comienzas…vale??”

Empieza la cruzada: que si no te vamos a contratar más obras, que si el cliente es súper-importante, que si los avales, etc,etc. (ego hipertrofiado – odios y amores intensos).

Los responsables del desaguisado interpretan la situación no como un caos desplanificado, sino como una epopeya mítica, donde ellos convertidos en cruzados se enfrentan a las fuerzas del mal. Y así, enfundados en sus brillantes armaduras y con sus espadas mágicas, vencen todas las dificultades no-importa-a-que-precio , en una gesta heroica digna de los poemas de Homero. Concluyen que lo que hace falta es más esfuerzo y más hostias. Eso de la planificación es de mariquitas. Es más o menos como ver a Millán Astray construyendo. (alta perseverancia – ego hipertrofiado – baja racionalidad)

Al grito de “muera la inteligencia”, a golpe de teléfono móvil, “compromisos personales” y “te doy mi palabra”; todas las fuerzas del bien se movilizan, al coste que sea, como sea, donde sea, y cuando sea para acabar la obra: como sea. (baja racionalidad – alta sociabilidad).

Entonces viene la etapa de “aguantar como un macho”. Nadie acepta ninguna excusa de nada, se sigue insistiendo en fechas de entrega sin tener ni los cimientos hechos. Se supone que cualquier trabajo se hace en 10 minutos o con más precisión: en un momento. El de los ascensores está en la calle con cinco camiones llenos de ascensores, no tiene donde aparcar ni descargar y todavía están encofrando el tercer piso, pero a él le dijeron que tenía que estar aquí hoy sin excusa. Pobre de él, si se le ocurre intentar cobrar el viaje perdido y el tiempo de su gente. Mañana viene el de las ventanas a lo mismo. (Ego hipertrofiado – incapacidad de planificar).

Mientras tanto la diarrea de dinero y los sobrecostes se van acumulando. Nadie quiere saber nada del asunto. (irracionalidad).

Lo importante es no hacer mucho ruido, no mencionar semejante caos, simular que se colabora y asumir los extracostes para que seamos de la tribu y nos tengan en cuenta para la siguiente obra….que será mas de lo mismo. (alta sociabilidad).

Nadie parece entender que la siguiente obra se la darán al más barato y punto (baja racionalidad).

Al final la obra se acaba ocho meses despues de la fecha prometida y con un 30% de sobrecostes. Luego de dos años de estar construyendo, extrañamente, y a dos semanas antes de la fecha de entrega: meten a trabajar a 1000 personas en tres turnos, “….es que no llegamos”. (incapacidad de planificar – mentalidad cortoplacista).

Una vez acabada la obra se despide a casi todo el personal, de forma que el conocimiento acumulado se pierda. (mentalidad cortoplacista).

Luego se estan dos años toreando las quejas de los propietarios y reparando cuando ya no queda más remedio: que si goteras, que si se inundó el parking, que si se hundió tal pavimento, que si humedades, racholas que se caen, cloacas que se tapan, cuadros eléctricos que saltan, ascensores que se quedan atorados, etc.

Y todos a ver cuando viene la siguiente obra (cortoplacismo).

Al final nadie gana lo suficiente. Algunos: “lo comido por lo servido”, o “me ha servido para sacarme un sueldo”, o “he perdido dinero” o “pliego…nunca más”. Los más exitosos han ganado un 20% de margen bruto que se traduce en un 2 % de beneficios despues de impuestos y gastos financieros. Los únicos que ganan dinero son los aristocráticos promotores que han especulado con el suelo, sus socios políticos que se han llenado los bolsillos y los bancos con las hipotecas y las pólizas de crédito de todos los actores de esta tragedia. Increíblemente todos concluyen que lo que les hace falta es mano de obra más barata para ser competitivos. (Ego hipertrofiado – no admite sus errores).

Luego, con el tiempo, el gobierno les tiene que dar obritas en ayuntamientos para que tengan algo de comer.

Ni les cuento cómo acaba la cosa el día de la jubilación.

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