Ayer escribía que para liderar un grupo de personas no es necesario ser el mejor de dicho grupo. Y Joaquín, que siempre está atento al corte, me pidió que profundizara en qué significa ser el mejor.

“Ser el mejor” jugando de delantero es el que marca más goles y da más asistencias. “Ser el mejor” jugando de portero es el que evita que le marquen más golen al equipo. “Ser el mejor” en los 100 metros es llamarse Usain Bolt.

Es evidente que es más fácil decidir quién es el mejor en algo que se pueda medir u objetivar.

Pero cuando ayer me referería a ser el mejor de un grupo de profesionales, estaba pensando en ser el número uno en el core business de la empresa en cuestión. Es decir, en una empresa de ingenería como la mía, para mí el mejor es el mejor técnicamente y/o el mejor gestionando proyectos. En una empresa tipo medio de comunicación, probablemente el mejor sería el mejor periodista.

Pero es cierto que, pensándolo bien, en las empresas hay posiciones distintas y no en todas ellas se requieren las mismas aptitudes. Probablemente en un departamento técnico, el mejor es el mejor técnico. Y en un departamento de finanzas, el mejor es el mejor contable.

Y para liderar grupos de personas (eso es lo que pretendía escribir en mi post de ayer) no hay que ser el mejor en la parte técnica o en la parte de gestión de proyectos. Seguramente es necesario ser el mejor gestionando personas. ¿Y cómo se entrena eso? Pues con mucha práctica y con toneladas de sentido común.

[Aquest post forma part del “Projecte 365”].

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